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"Una novela debe mostrar el mundo tal como es. Como piensan los personajes, como suceden los hechos... Una novela debería de algún modo revelar el origen de nuestros actos" Jane Austen.

domingo, 7 de abril de 2013

Capítulo 15





-Podemos posponer el viaje, Julieta-le aseguró Elliot mientras le masajeaba las sienes.

Ambos estaban tumbados en el sofá, viendo Charada. Elliot la había arropado con una manta, y Julieta apoyaba la cabeza sobre sus piernas. Intentaba que el dolor de cabeza no enturbiara aquel día maravilloso, el principio de un viaje que los alejaría del estrés de Nueva York, tal y como había planeado.

-Sólo me duele la cabeza un poco ¿Nos damos un baño?

-Señorita Pope, me encantaría darme un baño con usted

Le dedicó una sonrisa y se incorporó con lentitud. Levantó la mirada, hacia las escaleras y lo que vió la dejó inmóvil, temerosa y confundida, todo al mismo tiempo. Era su perro, tal y como lo recordaba en su infancia, tumbado a los pies de la escalera mientras se lamia la pata.

Sabía que no era posible y también lo que tener ese tipo de visión reflejaba. Las cosas empezaban a empeorar y conocía que podía pasar, que podía incluso ir a peor. Por lo que se convenció de que estaba muerto, porque aquel día triste en el orfanato enterraron entre llantos al perro, en la parte trasera del jardín. Incluso plantaron un roble justo encima para poder recordarlo siempre. Cerró los ojos con fuerza y esperó unos segundos.

Cuando volvió a abrir los ojos, el señor Cromwell seguía ahí, observándola.

Cogió aire y se abalanzó con violencia sobre los labios de Elliot. Tenía que hacerlo desaparecer de cualquier forma imaginable, así que intentó mantener a su cerebro ocupado. Empezó a quitarle la sudadera, pero él la agarró de los hombros y la apartó de sí, confundido.

-Eh… ¿Qué…?

-Calla-susurró Julieta y volvió a besarle, empujándolo sobre el sofá.

-Espera…-murmuró Elliot y se separó unos centímetros-Espera…-Julieta le besó el cuello y volvió a sus labios sin querer parar. De repente escuchó el ladrido ronco del perro y aumentó la velocidad. Intentó desabrochar el botón de su pantalón, sin éxito. Elliot  pareció rendirse por fin y la tumbó en el sofá en un movimiento ágil para después hundir sus labios en los suyos, Julieta emitió un jadeo de placer pero no era bastante para acabar con sus pensamientos.

El dolor de cabeza empeoraba… La angustia y las náuseas subían a través de su garganta, pero ella intentó ignorarlas, a la vez que su vista se volvía difusa, como un borrón.  Elliot consiguió deshacerse de sus pantalones y la besó una vez más, ignorando su estado, penetrando en ella con una mezcla de dulzura y desesperación. Julieta echó la cabeza hacia atrás y respiró hondo, esperando no escuchar ese desagradable sonido de fondo. Pero hubo un ladrido, varios más.

-Por favor… Vete-susurró en un tono inaudible para los oídos de Elliot.

-Julieta… Te quiero tanto-silbó Elliot junto a su oído.

Con esas palabras, la armonía volvió a sus oídos. Y el silencio. Se permitió cerrar los ojos, evitando el mareo y disfrutando del placer de ese instante. De la respiración acompasada de Elliot junto a su cuello, de sus besos y de esa manera tan suya de hacerla disfrutar del sexo.

-Y yo-ahogó esas palabras y jadeó agotada, agarrándose a sus fuertes hombros, sonriendo débilmente.



Julieta se despertó de un respingo, envuelta en sudor y oliendo un suave aroma a canela. Estaba sobre la cama de su habitación, aunque no recordaba como había llegado ahí. Sobre la mesita descansaba un post-it amarillo, al lado de una jeringuilla, con la letra de Elliot.

“He ido a comprar el desayuno, volveré pronto. Espero que se te haya pasado”

-¿El qué?-se preguntó Julieta extrañada, frotándose el cabello.

Se puso en pie, notando el punzante dolor en la cabeza y el culo. Cogió el frasco de pastillas de al lado del post-it, se metió una en la boca y bebió un sorbo de agua. Fue hasta el baño y accionó el grifo del lavabo, fijándose en su reflejo del espejo. Sus ojeras estaban de un color morado, sus ojos enrojecidos y su piel más pálida que de costumbre. Después de lavarse los dientes y sacando fuerzas apenas existentes, empezó a hacer el equipaje. Ni siquiera se fijó demasiado en la ropa que echaba, sino que sentada, desde el suelo, seleccionaba con desgana las prendas de los cajones más cercanos y las tiraba en la enorme maleta de piel.

Se oyó el ascensor, y a continuación, los pasos de Elliot que subían por la escalera.

-¿Julieta?-preguntó al entrar.

-En el vestidor-contestó ella sin mucho entusiasmo-Estoy haciendo la maleta.

Elliot abrió la puerta del vestidor con urgencia. Su gesto era serio, muy serio. Julieta se fijó en su mala cara, algo similar a la suya.

-¿Qué haces levantada?-le increpó y la agarró de los brazos para ponerla en pie, pero ella se apartó.

-¿Qué pasa? Estoy haciendo la maleta ¿Acaso vas a hacerla tú? Ni siquiera sabes a dónde vamos…

Julieta sonrió y él frunció el ceño, emitiendo un sonoro bufido de desagrado.

-¿Después de lo de anoche crees que vamos a viajar?-preguntó retóricamente-Tendrías que estar en la cama o en el hospital... no en vete a saber dónde.

Le empezaron a asustar sus palabras, su expresión, el modo en que la protegía y ni siquiera intuía a que se debía todo aquello.

-¿Qué…? ¿Por qué?

Elliot se quedó un momento en silencio, con la mirada perdida en ella.

-Es que… ¿No te acuerdas?-preguntó con un hilo de voz.

-¿De qué?

-Anoche estuviste enferma-explicó, Elliot-¿De verdad no lo recuerdas?

-Me dolía la cabeza y…tuvimos sexo-intentó acordarse, pero había una laguna en su historia-No… No sé bien de qué estamos hablando, Elliot-rió nerviosa, quitándole peso al asunto y le dio la espalda, sacando la ropa interior de su cajón.

-Tuve que ponerte un calmante… Llorabas por el dolor, tenías náuseas… Deberíamos ir a que te vean ¿No estás cansada?

-No me acuerdo de eso… Pero si, estoy cansada

Reflexionó toda esa información inexistente en su memoria ante la atenta mirada de su novio. Por más que hacía esfuerzos sublimes por encontrar ese hueco inaccesible de su mente, no hallaba nada de lo que acababa de contar Elliot. Y parecía de lo más extraño que le estuviera pasando algo así.

-Con más razón, deberíamos ir… Esto no me gusta.

Julieta se acercó hasta él y lo abrazó. Después le dio un beso en la mejilla y sonrió. No estaba dispuesta a renunciar a sus vacaciones por algo que ni siquiera recordaba. Además, tenía claro desde hacia mucho tiempo que estaba enferma y que eso acabaría afectándole en muchos aspectos.

-Sólo necesito unas vacaciones contigo ¿Vale?

-No vamos a ir- le aseguró Elliot, mirándola con lástima-No creo que sea una buena idea…

-¡Elliot Evans! No me vas a estropear el regalo. Me tomaré un café y una aspirina si me duele la cabeza, me va a venir el periodo y por eso me duele-mintió con descaro, lo suficiente para convencerlo-las mujeres tenemos nuestros odiosos días.

-¿Sabes qué soy médico, no? Sé cuando me mientes.

-¿Y tú sabes que no me importa eso?-le soltó Julieta- Y ahora dime que es eso tan delicioso que huele a canela.

-No he traído nada de canela-respondió Elliot extrañado.

-Ah… Pensaba que… huele a eso.

-Pues he debido resfriarme-concluyó él.

-Ya… Debe ser eso.



Al cabo de unas horas estresantes intentando convencer a Elliot de que el viaje seguía en pie, él aceptó de mala gana ir a su apartamento a por su equipaje para coger el avión.

Julieta estaba mejor, aunque tenía miedo debido a ese hecho irrefutable que era que estaba empeorando y por lo que había visto las últimas horas, a marchas forzadas. Las alucinaciones tan reales, las perdidas de memoria... no hacia más que complicarlo todo. Pese a la gravedad del asunto, aquello no era capaz de eclipsar el momento que estaban viviendo. Iba a irse lejos con él, había conseguido decirle la verdad a Charlie y se sentía feliz, cómo si por fin se hubiera desecho de una parte de la carga que pesaba sobre su espalda. La restante, confesárselo a Teresa, era diferente y algo peor. Con Charlie consiguió acordar esperar para contarle los detalles, porque no se sentía preparada, pero ahora, eso era lo de menos.

Elliot por el contrario, tenía miedo de tantas cosas, que no sabía cómo afrontar unas vacaciones, por muy maravillosas y especiales que fueran. Estaba siendo su mejor navidad… Pero, siempre hay un pero. Y en su caso el pero conseguía hacerse enorme, pasar a ser un abismo. Esa noche, antes de llegar al aeropuerto, Julieta recibía un correo electrónico con un remitente familiar. Unidad de oncología del Hospital Monte Sinaí. Eran los esperados resultados que no estaba dispuesta a abrir de momento. Porque si, como temía, había empeorado, en vez de a Francia, irían directos al hospital, y eso era algo que no tenía que ocurrir. No iba a permitirlo. Así que hizo cómo si no lo hubiera visto nunca y se prometió no hacerlo durante las próximas dos semanas.



-Francia-murmuró Elliot pasmado, al subir al jet privado y ver sobre su asiento una pequeño folleto del turismo del país.

Julieta le sonrió, asintiendo y se sentó en el confortable asiento. La azafata le sirvió un buen vaso de agua, que Julieta se bebió de un solo trago. Elliot se puso a su lado, aun con la boca abierta.

-Creo que te has quedado sin palabras-dijo Julieta, encantada.

-Dios mío, Julieta…es… Increíble-añadió mientras se abrochaba el cinturón-siempre he querido ir allí.

-Lo sé-admitió e intentó abrocharse el cinturón, pero no conseguía que encajaran-Qué…  mierda… Joder.

-Espera, que te ayudo-

Elliot la ayudó y acto seguido se acercó hasta sus labios para darle un beso rápido.

-Gracias.

-Bienvenidos señores pasajeros, esperamos que su viaje sea lo más confortable posible. A continuación les haremos una demostración en caso de emergencia…

***


-Julieta, despierta.

-¿Hemos llegado?-Preguntó ella y abrió los ojos para ver a Elliot agachado, con una mano apoyada sobre sus rodillas. Al verlo allí, se olvidó un momento de su dolor de cabeza y miro hacia la ventana. Observó el cielo lleno de nubes blancas y esponjosas que se extendía delante de sus ojos, cómo si en realidad flotaran en un mar de espuma y fuera posible viajar a un universo desconocido.

-No, aún no. Quería decirte algo, nena-dijo, algo avergonzado y algo nervioso. Se irguió sobre su asiento, se aclaró la garganta y cogió una bocanada de oxígeno, encontrándose con sus ojos.

-¿Qué es tan importante como para no poder esperar a bajar unos metros?-preguntó divertida. Él se puso muy serio y agachó la mirada.

-Yo…verás-susurró Elliot, pero tragó saliva antes de continuar.

-¿Qué pasa? Me estás asustando…

Cuando estaba a punto de ponerse en lo peor y pensar que iba a dejarla, sacó una caja pequeña de su bolsillo. Una caja de terciopelo roja, cuadrada… Julieta contuvo un grito ahogado y su corazón empezó a latir desesperado dentro de su pecho. Su primer instinto fue huir, ahorrarle el drama de una vida junto a ella cargada de sufrimiento, sabía que él se merecía algo mejor, que era maravilloso, atento... y ella iba a destruirlo. Pero con el miedo inicial, llegó la calma, la emoción, aquellos sentimientos que la elevaron aún más en el cielo. Lo miró y se tapó la cara con ambas manos.

-Elliot… qué…-balbuceó en un silbido y observó a su alrededor, que estaba totalmente desierto-¿Esto es real?

-No voy a pedirte que te cases conmigo, porque eso nunca me ha parecido la mejor manera de demostrarte nada, aunque deseo que un día lo hagamos-sonrió para sí y clavó sus ojos en los suyos-Sé que es poco tiempo y que se parece a una locura… Que hay parejas que se casan en las vegas con más tiempo del que nosotros llevamos enamorados-bromeó, consiguiendo arrancarle una carcajada- Pero eso no me preocupa, porque nunca un loco había sido tan feliz.

Y abrió la caja, dejando ver un anillo de compromiso de oro blanco, una joya antigua y delicada; En su base había una especie de dibujo perforado, en el que, minúsculos brillantes daban paso a un diamante circular situado en el centro

-Elliot, dios mío-susurró Julieta, incapaz de contener la emoción.

- Es una promesa. Tenemos una guerra por ganar y quiero prometerte que nunca dejaré de luchar por ti. No llegará un día en que me rinda. Eso te prometo ahora-sacó el anillo de la cajita roja y cogió la mano izquierda, temblorosa y sudorosa de Julieta. Estaba colorada y las lágrimas caían por sus mejillas, acompañadas de un gesto de plena felicidad, de futuro y planes que nunca había llegado a imaginar en los últimos meses- ¿Aceptas mi promesa? Y ya de paso, ¿Aceptas pasar tu vida conmigo? Todo lo que dure, el como y el cuanto no importa.

Julieta lo examinó embobada, incapaz de creer lo que acababa de pasar. Miraba la pequeña joya de la caja, comenzando a creerlo de verdad. No era una alucinación, estaba pasando allí, a varios pies de altura. Respiró hondo y volvió a dirigir la vista a Elliot.

-No sé qué decir… -balbuceó y se limpió con torpeza las lágrimas. No recordaba una sensación igual, una felicidad ansiosa por un mañana junto a una persona. Era aterrador y maravilloso a partes iguales-Es… es

Elliot se puso colorado y carraspeó la garganta, incómodo.

-Estaría bien que fuera un sí, para levantarme y besarte, porque se me empieza a dormir la pierna

Los dos rieron al unísono, aliviando la tensión que inundaba la cabina del avión.

Julieta asintió varias veces, incapaz de decirlo en voz alta. Elliot introdujo el anillo en su dedo y ella se abalanzó sobre él, rodeando su cuello y fundiéndose en un abrazo de los que paran el tiempo, tan fuerte como si fuera la primera vez que lo hacía.

Cuando se separó de él, miró con más detenimiento el anillo, anonadada por su belleza. Nunca le habían gustado las relaciones. Los corazones y los arco iris, depender de una persona y hacer que los sentimientos de dos individuos completamente distintos se juntaran en unos solo. pero él sabía ajustarlo para que resultara verdaderamente irresistible. Incluso para la fría Julieta Pope

-Era de mi abuela. Sólo tuvo a mi madre, así que ella se lo entregó… esperando que tuviera un hijo con algo de suerte-explicó y le acarició la mano, con una enorme sonrisa.

-No esperaba que me fueras a dar esto mientras volábamos-soltó Julieta, intentando dejar de llorar.

-E iba a dártelo anoche, pero me sorprendiste antes de que pudiera hacerlo-admitió, poniéndose en pie y ayudando a Julieta a levantarse.

Una auxiliar de vuelo se acercó con dos copas y una botella de champán.

-¿Puedo beber, doctor?-bromeó Julieta-Esto si que es una novedad.

-Es el tratamiento de hoy.



Después del champán y una suculenta, y agradable comida, Elliot se quedó dormido en su asiento. Julieta le observó mientras dormía, como si se tratase de lo más perfecto que ha visto nunca, mientras le daba vueltas a lo que acababa de pasar, con una sonrisa tonta sobre en la cara. Nunca había buscado aquello, sentirse así de bien, pero allí lo tenía, aunque fuera tarde para ella. Entonces recordó ese maldito correo y la asaltaron los remordimientos por no habérselo dicho. Cerró los ojos, sintiendo su cuerpo cansado y extraño, hasta que el sueño la invadió por completo.




Llegaron a la isla de Córcega, a Porto, dónde montaron en un vehículo que los llevaría a Piana, en un trayecto de 12 kilómetros. Había una perfecta temperatura de unos 26 grados y corría una ligera brisa, fresca y limpia, que entraba por las ventanillas del vehículo y acariciaba su rostro, Cerró los ojos y sacó las manos por el cristal, notando la fuerza del viento deslizándose entre sus dedos. Elliot parecía un niño ilusionado, disfrutando de ella y el paisaje de fondo. intentando dar con aquello que tenía más belleza. Julieta disfrutaba sólo con verle así. Se había prometido olvidarse de todo durante dos semanas, por él, y tenía que hacerlo bien.



El pueblo de Piana, era un lugar que deslumbraba por sí solo, con bonitas casitas blancas y calles estrechas, dentro del precioso paisaje natural. Sus extrañas y bellas formaciones rocosas, junto con sus impresionantes y rojizos acantilados, hacían del lugar algo mágico. El mar brillante y cristalino también jugaba un papel llamativo, sobre todo en el increíble contraste de colores, el olor a salitre y la armonía que se respiraba.

Pasando una carretea cercana al pueblo, llegaron a una casita blanca, rodeada por enormes arbustos repletos de hortensias azules y enredaderas repletas de buganvilias, dónde casi no había lugar para la piedra. El camino a la casa era de tierra, repleto de árboles enormes que guiaban hasta la puerta principal.


Julieta le sonrió de oreja a oreja y abrió la puerta del coche, pero Elliot le agarró el hombro.

-¿Es aquí? ¿Es tuya está casa?-balbuceó impresionado, con los ojos abiertos como platos.

-En realidad, es de Charlie y mía… Pero él es más de ciudad y no le gusta esto-contestó ella y Elliot la soltó, enarcando las cejas.

-No sé por qué, eso me tranquiliza. Esto es impresionante, Julieta.

Se bajaron del coche y Elliot la agarró por sorpresa por las caderas. La elevó del suelo dando vueltas sobre sí, entre las carcajadas y los gritos de Julieta.

-Cuidado, cuidado…Frena -rió ella y se agarró a su brazo para evitar caerse al suelo.

-Perdona, ha sido la emoción-dijo y la cogió en volandas para atravesar el pequeño jardín hasta llegar a la puerta de color azul. Julieta sacó la llave de su bolsillo y se la tendió a Elliot.

Dentro era tan alucinante como por fuera. Muebles de madera en tonos claros, cuadros con motivos marineros, pinturas que parecían fotografías y decoraban las paredes blancas, Sofás y sillones en tonos claros, cojines bordados, cientos de libros. La casa tenía mucha luz gracias a las amplias ventanas, decoradas con visillos blancos que bailaban con el viento. La vista al exterior era única, observándose el mar brillante en todo su esplendor. En el lado izquierdo de la habitación, unas escaleras de caracol de piedra subían a la primera planta. Al fondo, había una pequeña cocina. Una casa sin lujos, no muy grande, pero mejor que cualquier ático o apartamento de Nueva York.

-Madre mía… Quiero que vivamos aquí-exclamó Elliot, sin poder articular ninguna otra palabra.

-Algún día tú tendrás una consulta en el pueblo y yo cuidaré de la casa mientras trabajo sobre esa mesa. Habrá que hacer reformas para que sea más cómoda- Señaló la mesa pequeña de madera, completando ese sueño y sorprendiéndose a ella misma, hablando de futuro-Y ahí, ahí jugaran los niños... junto a la ventana.

Elliot sonrió, dejando entrever su dentadura perfecta mientras seguía con los ojos los planes de Julieta en torno a esa casa, lejos de todo. En su universo paralelo.




15 comentarios:

  1. ..................No se que decirte, este capitulo esta...SUPER MEGA ESPLÉNDIDAMENTE INCREÍBLE, ROMÁNTICO Y PERFECTISIMO...esas son de las palabras que mi pobre léxico me permite describirlo, pero para mi, es uno de los mejores capítulos que has escrito (no se con que otros discutir porque...eso no se puede, son todos increíbles, pero este...) Cada vez me enamoro mas de Elliot :3 y me intriga y me cae mejor Julieta. Espero que todo salga bien entre ellos dos.

    Besos!!!!

    P.D: Si en un futuro muy lejano....en el que Julieta y Elliot no estén juntos (Por Dios, espero que eso no pase nunca)...crees que me lo pueda quedar para mi?, jaja

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    1. GRACIAS :))
      En ese fúturo probable o no... SI!
      Un besito.

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  2. Ohhh pero... como.... bufff...
    Cuando le daba en anillo pensé que me estaba dando algo, yo ya toda emocionada pensando en que se iban a casar y derrepente le dice que una promesa ¡¿UNA PROMESA?!
    Menudo cambio que experimentó Julieta, en unos pocos capítulos pasó de no querer hacer planes de ningún tipo a pensar en irse a vivir a Francia con Elliot.
    Yo creo que si al final te da la inspiración de hacer algo retorcido y la matas lloraré como nunca.
    Te lo digo siempre pero está estupendo, bueno todos lo están jaja
    Besos :)
    http://lachicadelasonrisaverde789.blogspot.com.es/ (yo haciendo publicidad ^^)

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    1. Graciaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaas :))
      Me gustan los cambios jejeeje Me alegro de que te haya gustado.
      un besito:)

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  3. Vale Jane acabas de conseguir que sea feliz para el resto del día ^^ ¡Un anillo de compromiso!!! Que vayan trayendo el oxígeno porque no puedo respirar de la emoción *-* Me ha encantado :D Sólo me queda la cosa de que Julieta parece estar empeorando y eso no megusta :( Me da mala espina la visión del perro y el olor a canela... Algo no va bien y debería ir perfectamente ¬¬ Ay qué tensión!!! :S déjales que tengan dos semanitas tranquilas María, please *.* No te pido ese futuro tan bonito que se imaginan ambos, pero al menos dos semanitas...
    Muchos besos y gracias por escribir este maravilloso capítulo ^^

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    1. ¡Qué bien! Muchas gracias :))
      Un besito :)

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  4. Precioso Jane!
    Me he quedado sin palabras cuando he leido lo del anillo y casi lloro con la promesa
    En cambio lo del pelo y el olor a canela me trae de cabeza, ¿que está pasando?
    Ufff, espero que cuelgues el próximo capítulo pronto, si no me dará algo
    Un beso enorme

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    1. He creado una nueva historia con unas amigas, te importaria pasarte?
      http://lovestoryofangels.blogspot.com.es/
      Besos

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  5. excelente capitulo, ojala no les dure tan poco la felicidad :(
    sigue asi ,espero el proximo!!!!!!

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  6. Oh es precioso dios mío! Me encanta cuando le da el anillo!
    http://macherieladyartiste.blogspot.com.es/ Pásate

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  7. Sencillamente ha resultado algo indefinidamente bonito, la belleza del texto en concreto y el conjunto de esas palabras en sintonia lo hacen más llevadero.
    Mejoras cada día y lo seguirás haciendo.
    Te toca prometer a ti con o sin anillo que no te rendirás nunca :)

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    1. No me rendiré jijijiji
      Me alegro mucho que pienses eso, gracias, gracias, gracias :))

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